Expresidentes

La derecha española tiene que desaznarse de una vez, que Aznar es camino de berzas y zarzas. Aznar ha sido el Mouriño del pepé, pero hoy el aficionado prefiere más el estilo Zizu y las señoras también. Se comprende. El exAzores/azares de la guerra publica sus memorias desmemoriadas con el errequerre de las armas, la destrucción masiva o amañada, la ETA y todo eso. Vamos que Josemari no se apea de la burra y que el carro se lo robaron Rubalcaba y Zapatero aquella noche cuando dormía. A Adolfo Suárez se le borró la transición de la cabeza; a los podemitas aún no les ha entrado en sus molleras, quizá por eso nunca tendrán un expresidente. Y a Aznar con los años se le ha desdibujado el bigotazo de Marx, de Groucho Marx. ¡Con la gracia que tenía! Montoro le ha tenido que recordar a este ex a declararse ante Hacienda, que se le había olvidado su amor contribuyente. El muy inspector de él. Ahora renuncia al tinte de la presidencia de honor del pepé, porque Soraya, Rajoy y otros pepeíllos más, según lo suyo de la FAES o faralaes, son gente izquierdosa, floja, poco patriotas y acatalanados públicamente. Esas cosas, confesó pepemari, se hacen solo en la intimidad. Su desplante a lo Arniches y su golpe de dominó ya no se ven en la corrala parlamentaria. ¡Qué pena! Ha perdido mucho el patio político de vecinos. Cómo petrificaba la pelota/palabra adversaria con su sola mirada de paddel nuestro. Un día dijo: «Váyase, Sr. González» y González fuese. Dijo otra noche: «Hágase la guerra y no el amor» y tiraron bombas los fanfarrones. Un hombre de verdad, como cantaba Alaska. A la derecha de Aznar están los de hazte oír o haz que te vean en busvisión hortelano de peras y manzanas envasadas pero sin profiláctico, claro. Un expresidente de gobierno no debe ser un hoolligan de partido político, de un ex se espera más: que sea discretamente menos, porque ya lo fue todo. Tampoco su colega Felipe González, fogonero del socialismo hispalense/nacional, anda fino. Se le ve algo flatulento, hinchado de gases naturales. A veces, se le escapa sin pudor algún arecillo legal, sí; y muy ibérico, también; pero asocialista, por supuesto. ¡Con lo que fue este animal político! Diez millones le miraron fascinados, como miraba Borges las rayas del tigre. El poder les zurra mucho a los presis que salen cojitrancos de Moncloa y muy necesitados de dar una cabezadita en cualquier consejo de administración. Zapatero es más de tournés, veremos si no acaba hispanomareado. Rajoy da más miedo, con andares mariscadores de subibaja y eso que aún no es ex. Igual se aficiona a la numismática o peor, a trabajar contra la corrupción de la UEFA, qué sé yo. Pobres expresidentes, necesitan más excariño y no vivir tan solos. El poeta Francis Ponge era capaz de ver en una quisquilla el universo entero. Por sus ademanes conoceréis cómo los expresidentes gobernaron el espacio y el tiempo de su matria: inventando, olvidando, cocinando, mirando ladeados… A todos se les agradece lo muchobueno que hicieron por el país, ahora se les pide que cobren en silencio y que estén no a la altura de quienes fueron, sino que, al menos, no caigan hasta quienes no deben ser jamás. Distancia y aire, que corra el aire presidencial.

(Imagen: José María Sicilia)

Sábado, 29/04/17.

Bacalao

Paseo por la Puerta del Sol que es como oír la campanada del todo y de la nada del españoleo: del 15M hasta la independencia del 2 de mayo, o como entrar por Ramón y salir a Baroja (qué mal se llevaron) y me acerco a Casa Labra, la taberna donde el obrerismo fundó el psoe en tiempos de Pablo Iglesias, el otro. Kilómetro cero de la reivindicación proletaria. Atrás dejo la embajada americana: el McDonald’s, sin aranceles de ketchup. Me voy a Labra a por una tajada de bacalao/socialismo, que es lo que ahora toca, con el rebozo de siempre, porque la socialdemocracia necesita esa cobertura al paladar. El rebozo es al bacalao lo que el socialismo a la lucha de clases, lo sustancial va por dentro. A los puristas les disgusta la grasilla del refrito ético, pero alimenta. Falta hace, que el hambre de poder ennubla la sangre y la tinta. Menos mal que ya hay socialistas con cargo y eso es un desahogo para el país y para el socialismo también. Porque si no se toca pelo ministerial la cosa se pone fea y el sociata hambrón se enreda en centrismos muy aseados y repeinados, corte Ciudadanos, o bien se desgreña en radicalismo populista. Y no, los Borreles y C&a., gente cabal, mira que te miran a Europa, mientras leen a Isaiah Berlin. El otro europeísmo, el de champions digo, ante esa alineación galáctica de ministros con su Benzema/Màxim y todo, quiere que el Realmadrid fiche a reSánchez para sustituir a Zidane. Pero Sánchez es el jesucristo del socialismo, un resucitado al que alancearon, un jesucristo escupido y con una cruz, que vaya viacrucis tuvo por toda España cuando lo suyo con el Susaneo. Y ahí está ahora, feminizando el gobierno, con faldas y a lo grande; matronizando Iberia con parto de ilusión y esperanza. Tiene uno ya escrito aquí que esto no lo alumbraría la Sultana, sino Sánchez. Hasta el sacrosanto El País ya se ha pasado al papel de directora: Soledad Gallego. Esto ya no será lo que fue. El sanchismo deviene en una quijotización, una ensoñación de ideales, una regeneración de la patria hasta voverla matria. Y eso, en este páramo del latrocinio en que está España, es la más saludable lectura. Cuando lleguemos a los molinos del Ibex y a toda la cuerda de galeotes de la Gürtel o peor aún, al capítulo en que Sánchez se tope con la Iglesia, descubriremos la inteligencia ministerial ovariada frente a la otra, histórica y torpe de la testosterona política, que apenas recompuso nada. Uno sueña que, por ese entonces, el bacalao de Labra siga siendo fresco y sin demasiada fritanga. Hoy, menú de tempura socialista para el precariado. Salud.

Imagen: Caspar David Friedrich

Urnas en mi calle

Salía yo esta mañana emprimaverado con mi Sultana a ejercer nuestro derecho electoral, cuando al pisar el abecé del colegio nos encontramos rodeados de cámaras de televisión, periodistas y todo el voxeo apoderado y adoctrinado de colgaduras verdes. Revuelo, carreras y coces de vox. El Cid Abascal descabalga en doble fila como voxtante de unas urnas en las que no cree, y entra con su cohorte de guardaespaldas, lamesolapas vociferantes y pistolas sobaqueras. Mi Sultana y yo nos hacemos a un lado de la ultraderecha, para no engañar a la posteridad con una foto equivocada y para que nadie confunda nuestro voto ante las cámaras mendicantes. Uno no se sabía vecino de Abascal, pero es. Aquí está el pasado reverdecido, dictatorial, resucitado. Y ahí lo dejamos, comentando su voto momificado a las televisiones europeas. Ya en la calle, al fin libres de cruzada y reconquista, salimos meditativos –polvo, sudor y hierro– y me fijo en una señora menuda, de chaqueta roja, que camina a pie, saludada por algún entusiasta. Es Margarita Robles, la ministra de Defensa. Va sola y sin guardaespaldas, rodeada de libertad democrática. Allí me paro, nos saludamos y le digo lo mío. Mira, Margarita, esta calle nuestra, lo tengo escrito en otro artículo, es feria de Expoiglesias: con su Gizé episcopal, con su sinagoga judía, la de Cristo Vive, qué sé yo… y conventos de Hermanas Hospitalarias, del Santísimo Sacramento, y del Sagrado Corazón, ah y el colegio Cristo Rey como cantera… Margarita, cuándo ajardinamos estas aceras de laicismo? No sé, yo me voy que me he dejado una lavadora puesta, responde. Ahora avecindados con la secta de Vox hay que vigilar la ropa tendida. Esta noche será el recuento del fracaso de todos los partidos españoles. Vox es la política malograda, dispendiada, centrifugada. Vox es ese vecino bravucón, con quien rehuimos compartir el hemiciclo del ascensor, quizá porque quiere entrar a caballo con armadura, un casco medieval por ideario, y todo el correaje falangista.

Imagen: Miquel Barceló.

Verso y prosa

A veces, la verdad de las mentiras se dice sin querer. Y el embuste de la vida cae de la toga del Estado un día cualquiera, por ejemplo la mañana en que se juzgó a Cristina, la hermana larga del rey. Vivíamos todos, sin saberlo, hasta entonces en un país en que se hablaba en verso (el personaje de Moliere hablaba en prosa), pero llegó esa magistrada, qué claridad la suya, con su jarrazo verbal y nos dejó mudos en un grito silenciado, sentenciado de realismo para decirnos que eso de que «Hacienda somos todos» era tan solo una metáfora, vaga literatura. Hacienda solo somos unos cuantos, soñadores todos, eso sí. Ese día comprendimos que España necesita un poeta que legisle y que la Justicia es esa prosa política o caspa que nos cae de lunes a viernes. El docto Pedro Laín, un campanero del Régimen de entonces, masculló lo de España como problema. Ahora, el problema de España es la mentira. Miente el político, miente el juez, miente el rey y miente el obispo. Todos mienten en prosa los números de sus fraudes. Y uno aspira a que en el Estado Español se proclame la independencia lírica. Ya se sabe que la poesía no es real, sino un ideal, pero sí la única verdad habitable. Aquí la realidad es toda mentira de verdad de principio a fin. Ojalá un día nos gobierne la belleza del verso, que la ley sea lírica y estas metáforas pan de nuestro cadadía: Hacienda somos todos, la Justicia es ciega, la Enseñanza pública y gratuita, la Sanidad universal, y el Estado solidario… pero eso en España nunca ha sido realismo en prosa, sino sueños de poetas afiebrados. Por ello, vivamos de una vez en pura poesía y abandonemos este régimen prosaico. La revolución es proclamar en verso desnudo unos valores universales.

Imagen: Autorretrato de José Hierro.

JRJ y los poetas del 27

He leído con asombro y satisfacción Ecos de una voz. La amistad traicionada: JRJ y la generación del 27 (Linteo) como quien apura sorbo a sorbo un güisqui excepcional. Ecos es un ensayo apasionante, divertido a ratos, irónico siempre, que hilvana jugosos episodios de nuestra literatura. Con afilada prosa, José Antonio Expósito compagina en crónica sorprendente: rigor, datos y documentos inéditos con certeros análisis llenos de amenidad y vida. No es una novela, aunque los sucesos lo parezcan: una hija apócrifa de Aleixandre; las apasionadas noches de JRJ con las monjas del sanatorio del Rosario; la cuenta oculta en Suiza de Gregorio Martínez Sierra o las amantes secretas de Pedro Salinas y Gerardo Diego. El libro descubre una realidad lírica, una historia estética y humana de nuestros mejores poetas muy diferente a la que se ha enseñado desde cátedras y púlpitos académicos durante décadas. También sorprende la política poética acomodaticia de algunos escritores a derecha y a izquierda, así como los desfallecimientos en el compromiso de tantos otros: la sintonía, carteos y entrevistas de Franco con los Azorín, D’Ors, y Gómez de la Serna; y de Jorge Guillén con Queipo de Llano; y de Lorca con Primo de Rivera, y de Alberti con Stalin o de cómo el 27 se burlaba de JRJ en anónimas llamadas de teléfono a su domicilio. Los exabruptos seudolíricos de Neruda; el secuestro de una joven perpetrado por Huidobro; el injusto olvido de las Sinsombrero; el reloj de oro de Miguel Hernández; las imposturas varoniles de la RAE; el día en que Alberti fue torero en la plaza de Pontevedra o clown en Madrid. Un festín ensayístico con hondura de ideas, pero regado con sucesión de anécdotas esclarecedoras e ilustrado con valiosas fotografías. Un libro imprescindible para entender la Edad de Plata de nuestra cultura.

Ramón Cote, poeta

En aquel Madrid de entones, cuando Madrid vivía su movida ochentera y preeuropea, un poeta ultramarino bajaba por el paseo del Prado con caminar de pie libre, desestructurado de huesos y con versos de iracunda delicadeza. Bajaba a esa hora en que el sol de la tarde madrileña sueña sus ocasos e imposibles contra la fachada del Banco de España. El poeta Ramón Cote vivía dentro del museo del Prado, avecindado a fray Angélico, a Antonello di Mesina y compartía con Patinir vistas verdes a la laguna del Retiro. Salía Ramón, digo, desde un fondo velazqueño pero con una orfandad verbalizada en Bogotá y cuajada en versos de mirar muy celeste. Versos que aún olían a tinta fresca, reciente. Ramón era reciente y ofrecía su oración profana con pausa y ritmo de mermelada. Como solo respiraba belleza y pura poesía caminaba milagrosamente sin tropezar jamás en ningún prosaísmo enlosetado. Traía bajo el brazo poemas de Auden, de Carl Sandburg, de Hart Crane, de Mutis o Neruda. Protegido solo por gorriones y magnolios, en el bolsillo de la camisa brillaba su estilo-gráfica entintada con las verdades del corazón. Garabateaba direcciones, teléfonos, poesía con caligrafía de hortensia: amplia, generosa, con despliegue de círculos. Ramón era el aura más lírica que cruzaba por Atocha en busca de la estación total: Delicias. Allí se recreó en esos vagones de la vida ya derrotados por el tiempo y con destino en vía muerta. Cuando llegó la sinuosidad de Ramón a Madrid con su andares cóncavos y convexos y su voz susurrada, todos comprendimos que a Atocha ya le sobraba su scalextric. Teníamos su poesía como viaje de mejor elevación posible. En ese Madrid de tiendas de ultramarinos que años después devoraría Europa, Ramón nos abastecía de ensueños sensitivos que captaba con un telescopio desde la terraza de su abuela. Un día se presentó en la puerta de Claudio Rodríguez. Le traía la claridad del cielo de Colombia y se la dejó allí versificada, bella, azul. Y Claudio lo abrazó con ebriedad. A nosotros nos dio una breve fosa común en la que aún vivimos gozosos una amistad oceánica. Ramón es embajador estético por rama materna y por rima plenipotenciaria de su padre poeta. Nadie posó luz más lírica en los lienzos; nadie pensó la pintura en plaza más pública que en su Colección privada. A ese Ramón Cote de naranjas, garzas y fuegos obligados en ventanas a la noche; al rubicundo Ramón, suave, ecuatorial, frondoso, flaco de verbo, poeta agigantado por el tiempo o el Temporal de una vida paginada en obra completa lo soñamos en sucesivas oleadas atlánticas ya sin medida.

Imagen: Freda Sargent.

Preparaíso en La Palma

Cuando la tierra es el latido negro de un volcán hacia el mar, todo rastro de sentimentalismo queda calcinado. Ahora esta erupción de tranquilidad y viento nos encoge el ánimo. Bordeamos la cuerda del cráter con pinos ahijados en su interior y divisamos a lo lejos la lava que lamió las salinas del océano. Lo blanco y lo negro reunidos, como escribió Octavio Paz. Teneguía es un sorbo de soledad dulce, de luz y mar arraigadas en parras de malvasía (el vino de Shakespeare). Uno trae a esta naturaleza pura sus preocupaciones impuras, su superficial existencia y un futuro falso, traicionado hace años. Y pasea pensativo sobre este magma del que brota un silencio de musgo muy verde y donde alguna planta se aferra carnosa a una vida volcánica. Así vivimos nosotros, en la ladera de un cráter ignorando la profunda verdad de los adentros. A veces, un humo, un temblor, un terremoto nos recuerdan la nada que es todo (neoyorquino Pepe Hierro). Una prosa de reproches fluye como lengua ardiente que quema cuanto designa. Con el tiempo, nos acostumbramos a caminar sobre el dolor más negro, más duro. Vivir es pisar lava, días y un penar petrificado. Cuando estas montañas se anochecen, los telescopios sueñan el fuego o el sueño lejanos de otros preparaísos con nebulosas y galaxias. Al paraíso se entra por bosques de laurisilva de La Palma o por su firmamento salpicado de un titilar de salinas o estrellas. Qué extraño es pensar que de este magma de los siglos solo quedará un río de ceniza enamorado de la luz.

—Haz una foto a esos cuervos que sobrevuelan las cúpulas blancas del observatorio astronómico. Click!

Martes, 02/01/17.

Imagen: Jorge Oramas.

Buffalo Bill

A los americanos se les ha entrado en el Capitolio su Buffalo Bill a cabalgar la democracia desde la tribuna, como a nosotros se nos metió un día el teniente coronel Tejero en el Congreso en una bigotada de carnaval. Las democracias sufren estas astracanadas de tradición rancia y tostesterona caduca. Un vaquero o un guardiacivil en el Congreso son el mismo alzamiento de cuernos: de bisonte o de tricornios beneméritos contra un progreso irremediable. El twiterismo de Trump alentó el asalto como, según noveló Javier Cercas, en nuestra Iberia el campechanismo del exrey Juancarlos envalentonó al general Alfonso Armada. Los yanquis son gente que judicializa hasta a sus Presidentes, pero aquí entre bocanadas de pueblo un impeachment a nuestro Jefe de Estado, ahora exiliado de la honradez allá por los Emiratos, sería solo una bufonada. Allí vive a lo beduino, nómada de hacienda en un desierto de petrodólares, allí acampa su dinastía de borbonismo baldío, esa que en tres siglos apenas dio fruto. Menos mal que Letizia, esa reina reciclada de Rivas-Vaciamadrid, le da a Felipe VI el telediario de lo que acontece en la rue: raciones de populismo y arrabal con glamour. Esto pasa cuando el personal pone los pies encima de las mesas de las instituciones. Es el proceder de alcaldes, diputados, consejeros, obispos y hasta del jefe del estado mayor del ejército que se apropian de euros o vacunas, según la temporada. En los EE UU, el yayo Biden llega con carrerita y dentadura reluciente a La Casa Blanca. Aquí el cuarentañismo de Franco lo desmontó la sonrisa profident de Adolfo Suárez. Hay gestos que derriban o sepultan imperios. Biden trae América al europeísmo, al ecologismo, al diálogo. América se sacude el polvo del rancho, la chulería far west, el muro del oro hortera y la arrogancia inculta del nuevorrico. ¡Bienvenido, mister Biden! Apenas viene y ya se va de estampida de Afganistán. Americanos e iberos llevamos la arrancada y la cornada de búfalo o toro como viento en las venas.

Imagen: Andy Warhol.

El belén de Felipe VI

El rey, quiero decir, el otro rey, el antiguo, el cazador de coronas, corinas y comisiones, el homo borbónicus fugado en Emiratos (otra monarquía de turbante), ha ingresado en traumatología financiera. Nueva operación «Elefante». ¡Qué paciencia hospitalaria la del españolito que labora, cotiza y calla! La reina/abuela Sofía, bien pensionada/peinada, busca una foto con sus nietas, pero España es un ajedrez con dos reinas sobre el tablero, que avanzan o tapan sus peones/infantinas de los alfiles fotográficos. Que una monarca de sangre azul, nacida en Grecia y avecindada ahora en Londres en un borbónbrexit conyugal, sea suegra de otra reina de Valdebernardo con sangre de arrabal y malaleche mamada en Rivas Vaciamadrid es hiperrealismo siglo XXI. A mí me gustan esas trifulcas de familia, le dan a España iberismo, esa cosa racial tan nuestra, de pueblo ancestral con evolución a vecinonas y bata guatiné, todo muy Almodóvar. Mientras, Felipe y Juancarlos se enredan con unos dineros desnudos de IRPF o en Bermudas y dejan la jefatura del Estado en cueros inviolables. Y mira que el obispazo les pidió eso de daos la paz. Nada. Otra foto que no fue. Al Urdanga sí lo retrató un juez. Cuando mi Cristi III de España y I de Suiza lo vio empalmar una pelota con otra, aspiró ese aire aizonado u olímpico del gachó en pantalón corto y cantó: «¡Este medalla para mí! ¡Menudo truhán aborbonado he fichado, papurri! ¡Qué tiro de derecha, qué comisionista hispanocatalán!». Marichalar, en cambio, se desintoxica de su moda de vestir hortera. Y Froilán, el nieto couchée, lo mismo se dispara un pie que sale por peteneras en el Hola! Su mamainfanta Elena, me cuenta una amiga, pasa la tarde con otras cursillistas haciendo ganchillo con su tarjeta borbón-black. Las monarquías televisadas, monarquías de contribuyentes no de súbditos, son hoy un belén fiscal viviente. Felipe VI, para salvar el turrón de su dinastía, se corona de principios éticos, se funcionariza, se deshereda del chanchulleo borbónico y mezcla en prosa navideña su fe monárquica con la ética republicana. Bocángel lo dijo mejor en verso: «este mundo, república de viento, / que tiene por monarca un accidente». La monarquía es una religión barroca; la República, un manojo de valores éticos. Se empieza proclamando principios éticos y se acaba ondeando la tricolor. Faruk, el derrocado rey de Egipto, lo sabía por experiencia, cuando resentido vaticinó en la boda de Rainiero de Mónaco: «Dentro de unos años en el mundo solo quedarán cinco reyes: los cuatro de la baraja y la reina de Inglaterra».

Imagen: Manuel Hernández Mompó.

Democraciavirus

La globalización tiene eso que economistas y tecnócatras venden a puñados: flujos de capital con reflujos de inmigrantes y virus universales. Antes se constipaba Alemania y España cursaba neumonía social. Ahora, China, con hambre de primera potencia mundial, come animales salvajes 5G como nosotros comíamos gallinejas y entresijos, y claro, sueltan al mundo el regüeldo de una pandemia sanitaria/económica. El asunto repercute majestuosamente en Gran Bretaña con coronavirus en el trono de Isabel II, que ha entrado en cuarentena conceptual con el aplebeyamiento del príncipe Harry y su Meghan de Hollywood. En nuestra reseca Iberia, el virus de la corona no es el republicanismo, sino el Urdanga y su aizonada Cristi de melenita absuelta, que contaminaron a Nos y a Vos, y a la sociedad entera de feísmo ético. Luego el bicho mutó en Corina revirá, en elefantiasis borbónica y en mandangas árabes reyjuancarlistas. Que un leve aleteo de mariposa o murciélago en Asia desencadena un cataclismo mundial ya está demostrado envíricamente. El coronavirus es metáfora impura, apunta a los gobiernos, pero solo mata pensionistas y ciudadanos con IVA. Las democracias occidentales, con mascarillas universales, se contagian fácilmente con populismos infectados de ultraideología mortal. Este coronavirus es el primer pepinazo ideológico que lanzan en China e Irán (parturienta e incubadora) contra el punto más vulnerable de EE UU: la cofradía de ciudadanos sin cobertura sanitaria que aupó a Trump, cual Macarena bendita. Ningún milagro salva ya la mortandad ni la crisis económica. El aleteo del virus cruza Europa en procesión y busca a los votantes de Texas. El terrorismo económico de este siglo es tecnológico, farmacológico y populista. Las nuevas guerras mundiales son víricas con ciberataques y pandemias. Ya no hay trincheras, ni metralla, ni bombas, solo silencio y aire que respiramos. Los ejércitos, uniformados de virus informáticos o virus sanitarios, infectan cuerpos y conciencias, y colapsan los hospitales de campaña y toda ética ciudadana. Para frenar la globalización han soltado una bomba vírica. Cuando llegue la posguerra de esta pandemia, se levantarán más fronteras, más muros y alambradas mentales contra la inmigración de nuevos virus.

Imagen: Jaume Plensa.

El relator

El relator de la ONU, Philip Alston, ha narrado en estilo naturalista la miseria en que vive y muere la España gitana e inmigrante en sus adentros. Todo eso, que ya leímos en Tiempo de silencio de Martín Santos, sale ahora en prosa oficial de desigualdad. Y el españolito ético mañanea con la niebla de ese «redoble de conciencia» (Blas de Otero) camino de su taller u oficina. Cuenta, el relator, que miles de adultos y niños subviven donde la ciudad se torna vertedero de vidas, donde se escombra la indignidad, en un más allá inimaginable de basura, barro y cultivos de marginación fresera. Supongo yo, es un suponer, que el Gobierno, retirado este finde de ejercicios espirituales socialdemócratas en Quintos de Mora, traerá tejidas unas leyes fiscales para cubrir con el top manta del BOE estas vergüenzas. Las ministras socialistas y unidas, que han leído a Marx y que ahora gobiernan para no descapitalizar la vida ni los derechos humanos, no pueden mirar para otro IBEX. Y a uno, sin pueblo espiritual ni Boletín comunista para apalabrar esta revolución pendiente (ahora los cambios revolucionarios se publican por decreto), su genoma teatral le lleva por la noche hasta Lavapiés a ver la función del CDN Valle Inclán. Coincido con el Embajador de Francia que viene a aplaudir a los suyos, a sus plumillas digo. Como lo trae el chófer hasta la puerta del teatro, no se entera de la cosa callejera inmigrante. Me saluda delgadamente, parece poco embajador y menos francés, con su dame muy francesa, ella sí, de pies lavados y enjugados en sandalias de tacón. En la puerta del Valle Inclán, compartimos escena el negro de Mali, la diplomacia de La Grande France, mi cuadrilla poética, y mucha jai de sustancia. Lavapiés es lavadero de nacionalidades, con pies hambrientos de leguas y manos que saltaron concertinas amasando su morir. Esos pies, calzados de europeísmo falsificado de adidas, pasan delante del Centro Dramático Nacional sin saber la teoría del esperpento. Ni falta que le hace a la africanía para interpretar los papeles que les niegan los muchos Salvinis en la tragedia europea. Uno buscaba el centro del drama nacional en Lavapiés, pero el relator de la ONU lo ha situado en los arrabales de la conciencia de España. El Gobierno se sale por los montes de Toledo a templar la sentencia de las devoluciones en caliente del Tribunal de Estrasburgo. Nadie quiere leer ni escuchar el relato de que Europa será arrasada por hordas de totalitarismo aupadas en la inmigración.

Imagen: Miquel Barceló.

Misa de ministras

Como si fuese una aparición de la virgen laica, la vicepresidenta primera de España y cuarta de Cabra, Carmen Calvo, anuncia que la Iglesia va a pagar el IBI como cualquier hijo de vecino. ¡Ya! Los obispos, que comen de Dios y seguramente mejor que el propio Dios, le han respondido por boca ahíta de exenciones de monseñor Luis Argüello «que la Iglesia no quiere privilegios». Es decir, lo que siempre ha sido por los siglos de los siglos. Y estamos ahora en que los ministros de Dios, los Blázquez, los Cañizares, prelados todos amantísimos, profesan un ateísmo fiscal, un sindiós contributivo, vamos que no le rezan ni un avemaría a las arcas de Hacienda de Mª Jesús Montero. Mientras, las ministras de Sánchez, muy suyas ellas mujeres sacerdotisas del IVA, consagran su misa los martes en Consejo y publican en el BOE que la salvación está en la fiscalidad. El debate entre archicuras de voz afeminada y féminas gobernantas es entre dos épocas, entre el absolutismo moral y el relativismo ético, entre santo Tomás y Wittgenstein. De esta controversia de espíritus solo trasciende el frío frufrú de sotanas de bayeta negra al rozarse con almidonadas faldas fucsia. Los curas, cabizbajos por su derrota ético/estética frente a las ministras satinadas, regresan a su casilla del IRPF, y como saben que suspenderán la asignatura de Religión (Isabel Celaá los examinará a todos sin pin parental), dejan para otro momento lo de explicar la pederastia secular: «De lo que no se puede hablar, hay que callar» (Wittgenstein). El mismo Dios, que por cierto nunca pisó un restaurante con obispos Michelin, descansará feliz al saber que su parroquia contribuirá a financiar la contrarreforma laboral, el salario mínimo y las pensiones de los abuelos. Es evidente que el todopoderoso, en su infinita sabiduría, inventó el feminismo ministerial en el costillar de Adán para que algún día ellas enseñasen a arzobispos y cardenales de la Conferencia Episcopal a ser cristianos. Bienaventuradas sean todas las Evas, que trajeron al mundo el pecado de vivir.

Imagen: Antoni Tàpies.

Música en el templo

Hoy o ayer, tal día, he escuchado a dios en el Duomo de Milán. Quiero decir que Bach, el dios verdadero de la música, sonaba entre las piedras de la catedral más femenina de la cristiandad. Llegaba yo milagreado de ladear atascos con peaje por toda la selva oscura del milanesado en mi Fiat de alquiler y junto a la plaza de Virgilio encontré mi verso o pie libre. Allí aparqué mi prosa utilitaria. El propio centro. Como dice mi suegra, yo nací con suerte para todo, hasta para la mujer. ¡Qué intuitiva ha sido siempre mi madre conyugal! Había quedado a cenar con los míos: Il pomeriggio è troppo azurro, pero me adentré tras Virgilio en el Duomo y todo se metaforizó. Sonó esa música extremada y yo ya no fui yo ni mi cuerpo fue mi cuerpo. Dentro, en la sacrosanta área chica del altar, orquestaban la «Passione secondo Matteo». Bach y allí me quedé, solo junto a un Milán mínimo. Divinamente ante el Paraíso. La inmensa mayoría milanesa a esa hora futboleaba el Purgatorio de cada temporada. Apagué el repicar del wassap balompédico y creo que levité algo frayluisiano o quizá a lo Remedios la Bella, no sé. La emoción cogió su propio ritmo. A otro, en ese templo y en esas circunstancias estéticas, le flojean las canillas, se viene abajo y le sobrellega la fe divina en pleno recitativo. Yo, pecador, me mantuve en mis impurezas, no fue fácil. Salí disuelto en frases musicales con la noche ya fondeada, amarrada a los pináculos de la catedral y reconciliado con el ser humano y su deambular por la historia: la belleza del arte, la trascendencia de la música y la elevación democrática de la piedra. Como en poesía, lo importante casi nunca es el contenido, sino cómo fluye el sentimiento universal de la existencia. Traspasada ya la mitad del camino de mi vida, me vi solo de días y noches, exiliado de mi espacio y de mi tiempo en la belleza de Bach y en los versos de Virgilio. Después busqué mi Fiat junto a no sé qué pizzería sin gluten y mientras atravesaba una calle meditativa vino hacia mí una humanidad abufandada de euforia de champions, con cánticos de otra pasión profana, otros dioses con música de fanfarria. Había regresado por esa bocacalle al infierno de nuestro siglo.

Imagen: José Manuel Broto

El vuelo de Franco

España es valleinclanesca, vallecaidista, esperpéntica, apoteósica. España es excesiva de rosarios y de cainismo. Aquí los entierros se hacen por los cielos, en altura o ascensión de sindicato vertical. La Asunción del Caudillo de España no ha sido milagro por los rezos de un abad gafitas de yugo y flechas, sino por la gracia de un helicóptero socialista. Qué necroshow, dice la presidenta Díaz Ayuso avalada esta vez por la ironía. En comitiva fúnebre y suspendida en el aire: la ministra de Justicia y un nieto aguilucho, qué solos se quedan los muertos. La Historia gira y gira, a veces, con estas u otras hélices en busca de un destino irremediable o fosa para el olvido. Pero Sánchez, pleno de Sanchismo, no olvida y ha levantado la losa de la dictadura para que la democracia no tropiece más en esa piedra sublevada. Antes, la vicepresidenta Carmen Calvo pidió permiso de obra al Vaticano. Que no se mueve una baldosa encaudillada así como así sin la bendición del Papa. Lo del Constitucional, un teatrillo de marionetas. Y como lascas de un movimiento católico nacional saltan banderas bahamondistas, falanges con artrosis, caras a un sol de otoño en El Pardo y sueños de cuarentañismo con bigotitos de Cruzada. Ha sido jueves de carnaval reverdecido con brotes de Vox y el golpe de efecto espectral del teniente coronel Antonio Tejero. Un entierro españolísimo y tragicómico hasta los huesos. Amén. La antiespaña ha aireado el féretro del franquismo para darle una paz arrinconada y definitiva, una paz contra la que se alzaron en armas en el 36. Y esa contraespaña ha aterrizado al militar momificado después de muchos despueses en el cementerio de Mingorrubio cerca de la tumba de Paco Fernández Ordóñez. El pobre Paco se pasó toda su vida huyendo del franquismo y van y lo avecinan con el muerto dictatorial. ¡Ministro, qué divorcios da la vida, y qué matrimonios da la muerte! Y al otro Paco, Paco de España, al gallegazo digo, con el miedo que le daba subirse en avioneta, lo han paseado esta mañanita fría en un sobrevuelo de vértigo. Qué España más folclórica, qué función de España tarde y a destiempo de los siglos y de la Historia, pero al fin hecha. Qué teatralización triste de España. Pero tanta guerra y posguerra, tanto muerto y tanto dolor no caben en una fecha y una fosa… Hoy delante del guiñol del telediario dan ganas de llorar hacia el pasado, aunque a uno no lo entienda ya nadie en esta farsa y licencia de España castiza. Ni los unos ni los unamunos. Qué más da. Se sobreentiende todo sin comprender nunca nada.

Imagen: Antonio Saura.

Onanismo

Un país se construye con metáforas o se queda solo en tribu con ancestro de entrecejo y taparrabos. España, como las naciones que son, levantó un andamiaje poético con su mucha argamasa épica y su fina hilada lírica. Si no, no es. Luego vino la prosa del Derecho y la Ciencia, y la otra más golfa, la prosa de la prensa acanallada que se esquina en las columnas de periódico. La metáfora pura es la vida misma, vivimos y morimos por una metáfora, que el amor es la palabra que nos crea y recrea. Madrid sabe que cielo e infierno son solo lugares metafóricos, como lo son el chocolate con churros o la utopía bolchevique. Hasta la barba de Dios padre también es una todopoderosa metáfora. La Biblia es otra sucesión arremolinada de metáforas y el Quijote, la biblia de los laicos, un gran molino de metáforas. Somos por la palabra y si no hemos metaforizado nuestra existencia, hay que dudar de que hayamos existido. Quien no ama el verso no vive, tan solo arrastra días mercantilizados con dividendos. Eso mismo les pasa a las naciones. La metáfora es unión, es asociación o apareamiento de carnes y de conceptos, en cambio la independencia es onanismo. Puigdemon es el Onán catalán solo en el barrio del Maneken con lo suyo colgando. Digo con su presidencia exiliada de la realidad, evadida a lo Tintín en una colonia inexistente, allí es president muy dueño de su diuresis. Mientras, en la Gran Bretaña, el beatle Johnson se ha soltado el flequillo léxico/ético de Europa para Trumphar en una deriva atlántica y rubia ya sin piojos inmigrantes. Sin amor, que es un sueño conjuntivo: tú y yo, a lo Pedro Salinas, no se vive, se malvive. La vida es una metáfora mortal de amor y para amar se necesita, al menos, ritmo binario. La existencia a solas es desamor, es otredad. El Brexit es onanismo. Cataluña y Reino Unido, solo necesitan amor y otro peinado político: «Love, love me do».

Imagen: Alberto Corazón.

La fiesta de la democracia

Ayer estuve en un fiestón democrático con periodistas, gente guapa, vips de farándula. El puerta del hotel, un universitario reyjuancarlista hormonado, me conoció enseguida la pluma: pase el articulista. La música del verso todo lo milagrea. En cambio, el político pasa tres casting: del Ibex, de la UE y de TV. Luego luce un pin ideológico en su solapa o una pulserita nacional. Eso es todo. Véase el prêt à porter de Ciudadanos, las new barbas peperas, el slip abanderado psoe, el danonino Errejón, cosas así. Un buen casting es media película; la otra mitad, un guion entretenido y mucha tramoya. En este secano con pila bautismal que es España, a los políticos el escenario les viene grande. No saben que la película es el escenario. España es un film tragicómico con actores en blanco y negro, España es la campanada católica en la Historia, y ese unamunismo no cabe ni en la gran película de Amenábar. Menos aún en el spaghetti wéstern que protagonizan Martínez Almeida y Díaz Ayuso, una astracanada de Madrid versión Paco Martínez Soria. A veces, ese Madrid gira 360 grados sobre el madrileñismo del churro y aparece uno sin querer en un fiestón o franquicia de París con chicas apoteósicas, divertidas y rumor de intelectuales sonámbulos. Ni rastro de telas de sacristía. Tropecé con mucho personal de reparto, con algún sindicalista que ladeé gracias al sonsonique de los hielos de mi güisqui, cual tablillas de san Lázaro, y políticos grasientos con el escaño bajo el sobaco sudado. Qué penosa es la política mendicante. Me refugié entre gachís de celuloide. La belleza, mi sitio natural. Pero hasta ahí llegaba el aroma de que al presidente Sánchez le quitaba el sueño El Coleta. Una rubia picarona teñida de Netflix me contagió el humo de su risa a propósito del colchón TapiFlex de la Moncloa. Ese colchón que tuvo su moción de censura, porque olía a siestas épicas de Mariano o a sueño de losa franquista. Fue cosa de higiene, el gallego sudaba una corrupción que oxidó los muelles de un somier o un mausoleo que chirriaba con el bamboleo de la justicia. El amor impetuoso al dinero tiene ese ruido acompasado. Y la rubia con soda me saca otra vez a bailar o a votar y me dejo querer sentimentalmente. Es la fiesta de la democracia, pero uno está ya de resacón y solo busca a esas horas de la madrugada un catre para explayarse a gusto. Y a ser posible que no le suenen los muelles democráticos a una vida sin losa dictatorial y sin el colchón de la corrupción. Oh, rubia de serie, votemos al amor en las urnas, y que los políticos duerman a perpetuidad.

Imagen: Luis Gordillo.

Notre-Dame

La tarde que llegué a París, ardía Notre-Dame. Sobre un puente del Sena medité el incendio interior, moral de Europa. Ardía uno de esos andamiajes de símbolos que sostienen la humanidad. Pero París no es ya el símbolo de entonces, ha perdido mucho o parte de su dulce charme. No por el fuego, sino por la tierra que se pisa. Uno antes se sentaba en los cafés a ver pasar parisinas aladas o a ver cómo salían de los coches con piernas de sofisticación entaconada. El café costaba cinco euros, pero traía esa chocolatina de glamour. Eran ascuas de atardecer que luego incendiaban las noches en Pigalle de intelectualidad. Hoy ellas, las chicas digo, han cambiado el bolso de piel por la bolsa de tela y zapatillas, cosa de una moda en crisis. Y ya solo los edificios son el espectáculo; argumento y actores carecen de empaque. Por ser más París, París ha caído en menos. París es un monstruo que digiere gentes en sus intestinos subterráneos. Los sábados, ahíta de parias de la semana, París los deglute vestidos con chalecos amarillos de vidas averiadas para que auroreen su llamarada proletaria por los campos Elíseos mientras gritan que ellos un día también fueron París. Vienen a guillotinar un vivir Vuitton, una época Cartier o unas pensiones Paribas, además de todo el turismo eiffelista. Vienen a romper los escaparates de unos sueños inalcanzables contra los que arrojan las piedras de la ira. Los chalecos amarillos subcontratan adoquines de mayo del 68 sin Sartre o Beauvoir, como el capitalismo subcontrató la reforma del evangelio de Notre-Dame sin compañía aseguradora. Macron, un presidente aseado de laicismo, anuncia que en cinco años reconstruirá el templo, y los chalequistas se preguntan cuántos años tardará en reconstruir sus vidas chamuscadas en los banlieue. Vuitton, la catedral del lujo, ha donado cien millones de euros para Notre-Dame, porque todos los Vuitton de París necesitan una puerta espiritual para que entren turistas. Y Notre-Dame comulga con esa fe cara para glorificar su grandeur. La una sin la otra no existirían. París es Notre-Dame de Vuitton. Uno, para protegerse de esta humareda de fraternidad y de tantas pedradas de igualdad, se refugia junto a la estatua olvidada de Verlaine en los jardines de Luxemburgo antes de subir a la plaza de Saint-Lazare a desacralizarse en el fuego de la belleza y el amor, únicas llamas con salvación posible.

Imagen: Gustave Freipont, «Premonición» (1924)

Fernando Carratalá

Un volcán de lexemas y grafemas ha entrado en erupción. El volcán Carratalá arquea las cejas y encendidos en lava gramatical van versos y villancicos comentados, acunados, descifrados en ascuas vivas. Hace unos años Fernando se jubiló del momento secundario adolescente para entrar en su primera eterna actividad sísmica. Se movieron, se removieron las placas sintagmáticas y las tectónicas de la filología. Vinieron tardes ortográficas con humo, fumarolas y temblores gramaticales que precedieron estos ríos de sabiduría o libros sucesivos que arroja desde sus adentros. La naturaleza Carratalá es creadora, dadora, incontenible desde la altura a la que se fue elevando en conocimiento curso tras curso. Carratalá es cráter inmenso que hoy mana sabiduría y fluye pedagógico con magma bilabial o fricativo. Su enseñanza con el tiempo se solidifica catedrática en páginas certeras, definitivas. Fernando es docencia hecha carne y espíritu en vuelo acelerado. Imparte conferencias sobre Miguel Hernández en un vagón del AVE a 300 kilómetros por hora a las azafatas y a los excursionistas del Inserso o sobre el Quijote subido en el ala de un avión trasatlántico. Fernando es una desmesura docente, da y da su saber a «quien conmigo va». Si te acercas un metro, se arranca por conferencias. Si te alejas, te cita desde los medios. Nació por y para enseñar, nunca se vio maestro tan de veras, vocación más adverbial ni entrega más generosa. Fernando vive en el verbo la profundidad de su existencia, y si se perdiera (el dios cervantino no lo quiera) algún día el paraíso, es decir, su idioma español, él solito entero lo reconstruiría. Porque Fernando se sabe la letra, es el memorión de El Cid, de San Juan, de Garcilaso, todo; y además, lleva esa música interiorizada, y con sus manos regordetas capta ritmos, endecasílabos al paso y tararea y recita sonetos, romances y canciones con los que triunfó una noche en el festival de Benidorm. Un día se empeñó en llevarse España a Puerto Rico o en traer Puerto Rico a España, no sé, según el estado asociado de su ánimo. Se le veía cargado con baúles de literatura, con congresos de españolismo, de ilusión colombina. Cuando Fernando desembarcó allí, en el trópico, se aclimató en huracán de hispanismo. Desde entonces, llega cada cierto tiempo como dulce tifón que barre anglicismos, y siembra toda la «Isla de la simpatía» (JRJ) de poesía, de alegría y de optimismo ibérico. No hay huracán lingüístico más benéfico que el suyo, ni amistad más cálida que la avalancha de humanismo de su corazón homónimo.

Imagen: Jorge Zeno.

La bomba

Las bombas que vende España no se equivocan. Eso dice la ministra de la cosa educativa, Celaá. ¡Vaya papelón le ha tocado! Que sí, que las bombas españolas son de fiar, nada que ver con las caedizas y flojas de Palomares; las de aquí van cargadas con titulitis, llevan etiquetas de un máster legalizado y hasta un doctorado Rey juancarlos en comisiones o apaños de raza o realeza árabe. Son bombas inteligentes y graduadas en humor a lo Gila: «¡Cuidao, que le vais a dar a alguno, hombre!». Pasamos de un país con ministros ennoviados con la muerte: Zoido, Catalá y Méndez de Vigo, a ministras que apadrinan bombitas falleras. No sé, no sé. Pero como la guerra va por barrios, el currela de los astilleros de Cádiz que delinque contra el hambre, el paro y la marginación no se distrae con este humito de la reflexión intelectual. El Kichi del gran Poder o Podemos empoderado lo tiene muy claro y canta por zorongos: «Con las bombas que tiiiiran los fanfarrones hacen las gaditanas tirabuzones». Pero en Andalucía, la bomba de neutrones ha sido un Vox populi que ha reventado treinta y cinco años de califato socialista. Ha resucitado el Cid barbado Abascal y campeador falangista para reconquistar y recatolizar esta Ezpaña invertebrada, impía y echada a perder. Ahora la van a enlucir, desenmigrar y desmariconar todita toda de sur a norte. Esto se veía venir, menos los políticos. Esa casta tuerta de ambición achaletada que no ha visto lo que los demás constatábamos en el metro: vidas aperreadas, subcontratadas sobre raíles, soledad realquilada entre estaciones y sin un sueño digno que llevarse a la cama. Seguro que el excomisario gorrilla Villarejo tenía grabadas estas miserias, pero como no cotizan en el CNI nadie se las compró. Cuando la juventud no sueña, es porque el país entero vive una pesadilla con buitres en los fondos del cielo: relaxing cup of café con leche. Entonces suena una música redentora por altaVox y algunos desfilan y otros despiertan. Con Vox ha vuelto el hombre a la España varón Dandy, ha vuelto para recuperar su primacía de tostesterona preconstitucional y para ubicar el feminismo en la sección femenina. Y uno ya pide que lo expatríen o que lo entierren, como al poeta sevillano Fernando Villalón, con el reloj en marcha para acudir al cóctel celestial y derramarse puntual en escotes de ultratumba o quizá tan solo por oír pasar el tiempo en caso de que allí tampoco exista el paraíso.

Imagen: Fernando Zóbel.

Eduardo Ruiz Armenteros

(De un profesor de provincias que se vino a vivir en un instituto de arrabal)

Allí, en el instituto Tirso de Molina, nosotros. Arracimados en unos pupitres desvencijados, nosotros. Éramos solo retazos de prosa descompuesta, éramos los hijos de la Andalucía emigrada, el retoñar de una Extremadura hambrienta. Allí, perdidos en el arrabal vallecano, sin norte al sur del sur más profundo, nosotros. Y un día de no sé qué año confuso, una puerta se abrió, una puerta sin medida por la que entró él y su sueño enhiesto, y con él toda la Literatura de habla andaluza. Decía con áspera dulzura: «neneh, loh ricohombreh del medievo…». Y entonces nosotros, los hijos de la emigración, supimos que aquello era verdad, que aquel acento era tierra nuestra desconocida por nosotros mismos, que su voz sonaba a olivar que no imaginábamos, a una esperanza que hasta entonces no había. Él era luz verdecida y alegría lorquiana que aún no sabíamos, pero que luego alumbraría otros días y otras noches más sombrías. Y con él aprendimos a reír y a atrevernos, a vivir y a soñar, y a interpretar el papel de nuestras vidas. Eduardo vino a Vallecas a bailar un pasodoble triste de transición, de una transición adolescente hacia un destino democrático y siempre incierto. Eduardo marcó por aquellos pasillos de la secundaria un ritmo ético y un andar erguido con el que crecimos todos hasta alcanzar cada uno su mejor yo. Y esa música de copla, la copla oscura que él entonaba desde la profunda claridad de su existir aún resuena por las aulas de nuestras conciencias: «neneh, a vivir, coño». Eduardo, hoy después de tantos cursos y recursos de la vida, tus alumnos te traen solo días y años deshilachados, zurcidos y remendados, pero bordados todos con ese hilo fino de tu ovillo literario. Y ahora te queremos explicar que, por fin, hemos comprendido que Vallecas es otra provincia más de tu Andalucía; y que toda tu vida es sueño y nuestros sueños, sueños tuyos han sido.

Imagen: Benjamín Palencia.

El chalé de El Coleta

Si un político va a desclasarse de sus bases de barrio, lo mejor es atrincherarse tras el seto privado de un chalé propio. Que una casa de vecinos es un chismorreo permanente de fútbol y rulos alquilados. Me ha recordado esta flatulencia de mala digestión aburguesada cuando el ministro asocialista de los dineros, Miguel Boyer, cayó en brazos de la Porcelanosa. Pero El Coleta lo ha superado en antiética, no en estética, se muda con su Irene Montero a mejor vida. Es amor endeudado hasta las trancas, como país tercermundista. Renuncia Pablo Iglesias a asaltar los cielos, se lo deja a otros bolcheviques, que él ya se ha aparcelado su paraíso de jardines. Ahora a darse bañitos privados, que no de populismo, que desgastaban mucho. A recoger la hojarasca comunista de El Capital caída en la piscina, a pasar la cortacésped Bakunin, a arreglar una gotera bolivariara aquí, un desconchón asambleario allá, findes de bricolaje hipotecario, y el lunes al atasco de pasillos hacia el Congreso. Al atardecer, de vuelta a la dacha a soñar con la revolución exprés o Nespresso. Uno se acuerda del jersecito de Marcelino Camacho en sus carabancheles y constata que esa moda del compromiso ético de cuello vuelto ya pasó. Hoy el proletariado espera mucho más de la bonoloto que de los partidos jacobinos. La derechona más cuca, que conoce bien la argamasa del negocio del ladrillo, aplaude este traspié urbanístico de tres plantas, no de la pareja enamorada, sino de Podemos. Pero a la otra derecha, la achaletada y paleta le duele que unos rojos quinquenales se les infiltren como vecinos de diario. Solo faltaba encontrárselos inmigrantes en la panadería o en misa de una en la iglesia de Galapagar. En Rivas-Vaciamadrid, cantera de polvo de estrellas, están tristes, primero la monarquía les arrebató a Letizia, ahora los Pío-Cabanillas al tándem Iglesias-Montero. Rivas es La Masía de la política hispana. Que El Coleta iba a dar una espantá torera semejante se esperaba, pero menuda campanada. A ver quién levanta ahora a tanto desharrapado hundido, a tanto parado, a tantos jóvenes sin porvenir, a tanto jubilado exhausto y a tanta madre sola. Iglesias-Montero han hipotecado a Podemos para treinta años, han caído en la trampa inmobiliaria. Digo yo que si el chalé lo hubiese comprado el partido y se lo alquilase a la pareja, eso sería otro cantar, más de soviet de iberia. Y todos contentos. Los otros roban, pero ellos, inquilinos, ya no comprarían un modelo de vida que aborrecen. Alquilarían solo felicidad familiar que no es lo mismo.

Imagen: Joan Miró.

La pomada

Robaaar y robaaar, robaaar y robaaar. Y entre medias saquear y saquear hasta reventar. Y mucho patriotismo balconado de banderío y pulseritas. Y viva mi España de Monipodio. ¡Qué dos de mayo para desmadrileñarse de por vida! Que sí, que la Cifu te baila un chotis o te aprueba un máster en una baldosa. No necesita más. Pero este Madrid pide otra pomada para lubricar tanta desvergüenza. Que la pollita Cifuentes trafique encremada y con ungüentos de máster es la novela más negra del día del libro. La Cifu fue la crème de la crème de la regeneración, el colágeno de la firmeza, el sinalol contra los signos de la corrupción, pero hoy es ya solo crema pastelera. Se remasterizó una jeta dura como escayola cuando era pobre de pedir como la Aguirre (vaya par de gemelas). Luego asaltó el Eroski y la Universidad, que la cara y el currículum se enlucen al precio que sea, incluso de gañote. Relimpia y entaconada de Prada pisaba mis Vallecas y en su bolso llevaba en revuelta confusión el tique de compra del máster y el acta falsa del rejuvenecimiento reyjuancarlos. ¡Qué lío de papeles, prospectos y decretos! ¡Ay, Cifu, con lo divina que estabas con tu facial antioxidante presidencial! En el pepé de Madrid y cercanías hay mucho expresidente, alcalde o aspirante aficionados a esa misma antiarrugas con la que se untaron brazos, manos, cuerpo y hasta el alma. Y han puesto España enterita chorreando grasa de un aceite en B que lo desluce todo. Ni jueces, ni fiscales, ni comisiones de investigación, ni mociones de censura. Nada de nada. Ha sido un segurata de Vallecas quien ha encontrado la pomada del pepé. ¡Ay, si nos dejasen a los vallecanos, pueblo puro, entrar en la Asamblea como en el Eroski! Yo mandaba un comando de seguratas a requisar pomadas en los bolsos y bolsas ERE de Andalucía, en los de la Sagrada Familia catalana; en los de la otra familia, real o surrealista; ah y en los capachos venezolanos. M. Rajoy, cuídate, inmaculado varón, y no permitas que te unten a ti con esa antiedad pringosa que mancha los papeles más ocultos. Y ahora a buscar un pepeíllo sin zurraspas éticas, con la cara lavada y recién peinao, qué guapo estás. ¿Quedan?

Imagen de Ouka Leele.

Cristina Cifuentes

¡Ay, Cifu, la que has liao, pollita! Que esa universidad tan tuyita tuya, familiar y amigable, ya no te certifica como rubia ni como máster, ni siquiera pollita. Pues destitulada por la prensa y sin tinte/tinta estudiantil ¿qué le queda a mi Cifu para ser, así, la Presidentísima de estos Madriles? Según el excarcelario Granados, labio barriobajero, la Cifu fue, cuando fue, la pollita rubia remasterizada del expresidiario Ignacio González. A uno la verdad es que le importa poco con quién se lo monte cada cual, salvo que salpique. ¡Ay, qué Madrid triste de trena¡ ¡Madrid sueña que te sueña con otro Madrid mejor, que fluya abierto en Canal de Isabel II y sin charcas estancandas. La Cifu, orillada ante esas aguas, es la pastorcita tatuada y motera que juega a las 7 y media o al 7 y medio con expedientes y votantes. Se planta o pide carta o papeleta diferidas con mantón de Manila en la Corredera baja, y gana elecciones o se matricula de amor. Cifuentes se echó, con delegación del gobierno, en brazos del Madrid del tocomocho, del Cascorro universitario de compraventa académica. Y entre exámenes de quincalla y trileros del notable encontró en el Paraninfo de Ronda de Toledo máster de hojalata reyjuancarlos, que guarda en su bolso de Prada falso. Que una Presidenta falsee el estudio es ruindad de hampa política. Pero pronto, la masteresa Cifuentes, tan solo greguería administrativa, acabará revuelta con su ética oxidada entre otras baratijas en El Rastro más ramoniano, ese que ella solita desluce. Hétela ahí, de momento, entribunada en la Asamblea con su bla bla bla educativo, tiñendo de rubio o de negro la vida universitaria. La peor frivolidad es la de quien miente hasta graduarse a sí misma con una verdad abarquillada, insoportable. Que no, que del amor no se guardan actas, sino actos que se arrojan al canal, donde la Cifu tiró, cuando lo suyo con Ignacio, su trabajo, su fin y su máster de mentiras.

Imagen: Isabel Quintanilla.

Huelga de mujeres

El otro día paró el país, bueno paró el mujerío; o séase España y media, que ellas laboran nacionalmente dentro, más, fuera y alrededores de la existencia y hasta en el plus ultra doméstico, también. Todas esas féminas de familia son regiones devastadas o desalariadas, pero Rajoy dice, santificada varonía la suya, que es mejor no entrar en esa calderilla salarial. Las mujeres partidistas, de su partido, digo, Cifuentes y Dolors Montserrat, ministra de Desigual, tampoco le ayudan con huelgas a la japo. Y el presidente no ve el roto que se le ha abierto, de repente, en su desgobierno. Él, que fue registrador de la propiedad, ya solo registra impropiedades de primer ministro ultimado o cuasifiniquitado. Lo deja un ratito solo Soraya y se le anuda el verbo encorbatado al cuello de la camisa, eh? y pasa eso que le pasa a veces con la gramática u otra saliva peor. A Rajoy, que lo casaron para hacerlo presidenciable, ahora su pepé quiere recasarlo de su divorcio con la mujer española. Monaguillos ofician la ceremonia en tve: Casado, Hernando, la Cospe y otros etceterillas le tiran de la chaqueta electoral. Nada, no se entera, que Neymar lo tenía en vilo ese día a él y a su Madrid bicampeón, porque a Mariano también se le lesionan los rivales ellos solitos: reSánchez en Andalucía, El Coleta en el pasillo de su chalé y Rivera apostrofando encuestas en su thermomix. Otros lo rehúyen a la catalana de occidente: Puchi. Pero las féminas son otro cantar, otro matiz que ni imagina el sr. Presidente. Ellas están siempre en su sitio, sostienen la patria, paren españolitos, amamantan una ética educativa, y cuidan de la memoria o el Alzheimer histórico, por ejemplo. Enfrentarse a esa España ovariada, aunque uno se ponga lacito en la solapa, es no conocer a la hembra hispana, un «ángel fieramente humano» (Góngora). Hay patrias, como la nuestra, que tiran más a matrias que a otra cosa. Y esa mitad matria de la patria no olvida ni perdona estos agravios radiados de macho ibérico. No anda mejor el lince izquierdoso, una especie protegida y en extinción, porque antes llegará un varón hasta Venus que una doña a dirigir una central sindical en España. Así nos luce al proletariado. Aquí sobra patriotismo de trapo y falta un matriotismo de carne y espíritu. Que Rajoy con su machada ha perdido las elecciones femeninamente es más que evidente, aunque está por ver que las gane, sí es que la gana algún día, no una mujer sola, sino el mujerío español.

Imagen: Remedios Varo.

Lupe, contrato por horas: 1

con el mocho en la mano

a mí no me digas sinfo que esa es una kelly de setecientos pavos como nosotras que con trienios acatalanados y todo llegará a los ochocientos a fin de mes bueno es igual una quitamierda como servidora por cuatro duros y ahora sin el puig que se le ha ido andandito de erasmus aflamencado las hay con suerte hale mano sobre mano que estará sin ojo que la mire no me refiero al junqui pobrecico osico mío ahí desangelao hibernando en la cárcel de estremera con la guardiacivil cantándole por el fary verás cuando despierte en primavera enchironao digo ah razonan sin corazón ni na de na pues que no ha visto una manchas bien sucias en este despacho don jordi se arrinconaba muy guarro para rascarse lo suyo y sus andorras y ahí dejaba herencia casposa pelos comisiones un tres por ciento ensalivado bah y la piara de pujolines me lo ponían todo perdido de grasa de itv y la sota ni mu que decía la muy siempre agarrada a su bolso nacionalista y el mas calladito con cuello camisa de servidumbre venía del liceo de hacer su avío ya sé por qué ay bendito a las que fregamos la república o lo otro no nos mueven el mocho ni puchi ni junqui ni coge la espontex la cup desde que me independicé de la generalitat soy otra charnega igual o más que antes que a dos euros la habitación me esclaviza este hotel estelado parador nacional que a mí me importa una higa tanta nación cuatro estrellas le ponía yo a rajoy una semanita a arremeter sábanas verías qué reforma laboral apañaba que no que el sueldo del mujerío no le pone al gachó ese día él solito se ahorcó de las elecciones para mí que quiere que cobremos dinero ensobrado sucinegro verdad tú que las que nacemos tontas morimos peleles pues eso dame dos hamburguesas con cebolla pochada y la shakira que no se opera todos pendientes de sus caderas y ea que no se arregla hace bien que el mantecao del piqué cómo está el tío de honorable yo me lo anexionaba vamos qué limpieza le preparaba si me dieran autonomía te apruebo el estatuto que tú me propongas a lo zapatero o te rezo catalán en la intimidad sí la sagrada familia pero un pecadillo es solo una amarilla el día que vino el rey el rey el otro el que caza korinas con corona bueno esa mañana nadie lloraba independentismo todos le reían sus burbujas aborbonatadas hasta desternillarse o atornillarse en martorell no sabes qué lío en las familias pobre sofi y qué deslucido han dejado el catalanismo los señoritos del seny de sardanas y el lanzapelotas del urdanga con su cristi pobres emigrantes de pedralbes absueltos en suiza y mientras nosotras condenadas a sacar rincones como siempre pero me da a mí que esto ya no entra en luz por qué planta empezamos hoy sinforosa

Imagen: Giorgio Morandi

Banderas

Este es país de trapío. Callejeo poco y a destiempo, pero cuando veo al nacionalismo haciendo balconing, me sobresalto. La España más lorquiana aireaba en sus ventanas las sábanas nupciales ensangrentadas de virginidad. Hoy, se airean las sábanas nacionales manchadas de irracionalidad. La misma obsesión por la pureza. Los trapos con las modas cambian; la estupidez es eterna. Aquí, por mis avenidas obreras, se ven tendidos en el alambre algunos monos del engrase, que miran asombrados y sin cabeza tanto banderío. Es la faena impura, la de diario. Hace un año muchos balcones enlucían unas alfombrillas del niño Jesús. ¿Volverán a casa por Navidad? Si coinciden en estas fiestas banderas y alfombrillas, tendremos unas balconadas nacionalcatólicas, ¡ea! La cosa tira para atrás… en el tiempo, no se piense. El personal entra al trapo que da gusto, por el pitón izquierdo, el nacionalista o el catequista. Vaya si entramos, que Iberia es de arranque emocional y siente los colores más que el aire que respira. Digo yo, que como el aire ya refresca, los pepés y los vichy-catalanes se abrigan con banderías las desvergüenzas de una corrupción que les cuelga muy fofa. A unos Mas y a otros, fiscalmente, Moix, pero ninguno levanta la Maza del nunca mais. Dormir al raso del cielo azul estelado es ya sueño o pesadilla constitucional para Junqueras y sus jureles a la sombra, pero no para la butifarra de la CUP. En estos madriles genoveses, Génova esquina al poder judicial, la jueza Lamela ha encarcelado al Govern, menos a Puigdemont, de erasmus por Bruselas. «Tranquis, Jordis», que diría el meretérito Juancarlos (con Chiquito ya en la gloria de su madre) que no hay que preocuparse, porque en la cárcel dan cursillos, según El Bigotes preso, para pochar los dineros b como si fueran cebolla picadita. Mientras, la doña-sota Ferrusola y su Pujolito tejen calceta independentista en su sagrada celda andorrana/familiar. Y como el vodevil languidece sin cantantes de valía, Rajoy ha convocado un casting democrático por Nochebuena, para una nueva edición de Operación Triunfo en el Parlament catalán. Y no es frivolité, es felipismo sexto-esenciado o asumido por Mariano. Le dijo con su coronita en la mano: «Tú gobierna a 155 km/h y todo tieso por la derecha». Eso le dijo. Y Mariano, hombre de fajín o faja borbónica, mordió la intención del voto, que es lo que alimenta. De aquí saco tajada para el fiestón de nochevieja. No, Presidente, OT no se gana con votos, sino con coplas de cariño, como la que le canto yo a mi catalana: «No debíaaa de quererte y; sin embargo, te quieroooo». Eso.

Imagen: Jordi Sanahuja

Sábado, 18/11/17.

Bicis vikingas

Me han traído hasta Dinamarca a vikingar y a ver si se me suelta la caspa ibérica, a rubicundarme el cerebro y a desbotijarme de nacionalismo pueblerino en este país de idioma blanco (Lorca). Aquí se tiene otro arreglo más ético y limpio para todo, distinto al de nuestra democracia embuchada con pimentón dictatorial. Dónde va a parar, hay otro método y mermeladas ecológicas. Todo, de cuento de Andersen. Uno, que improvisa su cadadía, lleva la chapuza en las venas y viene a estas islas a aprender circulación política. Por carrilbici cabalgan las danesas amochiladas con el voto femenino desde 1915 a sus otros quehaceres y así les va. Que esta vikingada ha pedaleado mucho, del hacha al diseño y del despiece de enemigos al trato esmerado y democrático. Nos sacan varias etapas y algunas metas volantes de ventaja. Antes navegaron del paganismo al catolicismo y de ahí a Groenlandia, luego al protestantismo y llegaron hasta América y Arabia. En qué costas meditativas andarán ahora los Kiekergard y el príncipe Hamlet? Cuando se les acabaron los mares se dedicaron a veranear en Estepona. Y saltaron de la cerveza a la sangría y de un alfabeto de runas a una tipografía de vanguardia, con vocales muy rubias y muy hippies: ø, å, æ, dignas de una contemplación trascendental o de un ensueño carnal. ¡Qué altas bellezas transeúntes o amazonadas en bici! Una mañana nublada como óleo de Asger Jorn, visitamos, en Aalborg, un cementerio vikingo, del que no quedan ni huesos ni nombres, solo olvido entre piedras sepultadas por mil años de viento y arena. Ahora recuperadas por arqueólogos. Qué inteligente es desenterrarse sin casticismos. Cuando un pueblo de navegantes se queda sin mares, busca necesariamente un canal hacia el futuro y la modernidad. Los hidalgos hispanos prefirieron mirar sedentarios durante siglos cómo se hundían sus castillos. Hoy seguimos edificando más pasado y menos porvenir: catalanismo, corrupción, parados y procesiones, mientras se privatizan escuelas y hospitales con crucifijos de un catolicismo oxidado. A Iberia le falta un carrilbici y un sillín político honrado que nos saquen de esta Contrarreforma de obispos con buñuelos hacia una libertad no contaminada. Pero la sotana siempre se engancha en la cadena y la bicicleta no avanza en ninguna legislatura. Aquí vamos a piñón fijo, allí cambian las marchas con soltura.

Sábado, 16/09/17.
Imagen de Asger Jorn.

Rajoy, pp (presidente preposicional)

Casi nadie repara en las preposiciones. Son cosa de poca monta, calderilla de la sintaxis, pero imprescindibles para el menudeo de lo cotidiano y de lo extraordinario también. Sin embargo, se echan de menos cuando uno no lleva preposiciones oportunas en los bolsillos y no puede dejar una propina léxica, o sacar el tíquet del estacionamiento semántico regulado, o ni siquiera comprar tabaco o humo conceptual. Es lo que le ha ocurrido a Rajoy la otra mañana cuando declaró por lo de la Gürtel sobre la financiación de su partido. Todos creíamos que comparecía «ante» el tribunal, pero no fue «ante» la preposición en la que se acomodó. Rajoy estuvo sentado «tras» el tribunal o junto, según se mire la perspectiva de la foto preposicional. Rajoy fue palabra invariable, envarado el gesto e imperturbable en sus dichos. Las preposiciones son la vida misma, sitúan o enlazan al personaje/palabra con su entorno. Y el entorno de Bárcenas no está para establecer vínculos, sino finiquitos. Una preposición determina una relación de dependencia y la preposición que eligió Rajoy lo decía todo. No hacía falta que el presidente articulase vocablos. Para qué, si la escenografía de aquel teatrillo estaba preposicionalmente meditada y el mensaje clarísimo: Rajoy ladeado «ante» el juez, pero mirando a cámara, que es lo que más significa. Los suyos dicen que Mariano dio la cara. Basta con observar la foto del día para comprobar que Rajoy se puso de perfil ante la financiación ilegal de su partido. Fue una comparecencia con una variante diferida del plasma. Esta vez, Rajoy, estar estaba, pero como si no estuviera. La amnesia a cierta edad se adueña de nosotros, es niebla irremediable. El presidente resolvió su declaración con esas monedillas de las preposiciones. ¿«Sobre»sueldos? Quítele usted el «sobre», que me afea la nómina. ¿La caja B? Nada, «salvo» alguna cosilla. ¿Sus SMS «a» Bárcenas, fuertes «para» un presidente de Gobierno, no es así? «Según», señoría. ¿Las cuentas «en» Suiza? Un cuento sucio, señor fiscal, «hasta» donde yo sé. ¿Declaró Rajoy «bajo» juramento o «con»jurado con una pre-posición fijada por su asesor lingüístico? ¡Qué bueno es contar «con» un buen gramático dentro de los partidos políticos que ponga las cosas en su sitio ideológico «sin» despeinarse!

Imagen: Manuel Prego de Oliver

Sábado, 29/07/17.

Tabla periódica

Tarde de junio con ola de estudio y calor de química tras los cristales. Hijo, para que lo entiendas, Dmitri Mendeléyev, el de la tabla periódica, fue un visionario que soñó toda su vida con España. Conocía los patrones ibéricos mejor que nosotros mismos cuando descubrió su sistema. Sí, lo de España es irracional, pero organizado; imprevisible pero con orden. Cada año aparecen más políticos de periodo corrupto y con mayor peso atómico/monetario. Muy radiactivos todos para el contribuyente. Antes de añadir sus nombres a esa tabla de la corrupción, la cosa tiene que estar fiscalizada más o Moix y sentenciada. Según las normas de la IUPAC (Unión Internacional de Química Pura y Aplicada), el asunto bautismal se relaciona con un lugar o un científico. Desde la última legislatura, la fila pepina contiene cuatro nuevos elementos. Gurtelio lo destapó la investigadora y condesa Aguirre (lo mucho que esta hembra ha parido a la química inorgánica). Genovio, sustancia más negra que el carbón, sitúa Génova como calle de negritud subsahariana. Bankianio es homenaje a Rato, un sinvergüenza doctorado ante jubilatas que sintetizó acciones de nonada en Bankia para el Ibex. Barcenosón alude al físico hispanosuizo que ensobró neutrinos A en B con carga fiscal eléctrico/negativa durante veinte años y sin que se le despeinase el mechón de su peineta aeroportuaria. Hay familias alcalinas muy activas, la del PP se pirra por los metales dinerados. Es familia acusada de financiación o formulación ilegal, con fraude en sus valencias y madrides y qué sé yo más, pero emite radiaciones magnéticas que atraen millones de votos anonadados o fuera de órbita. Un misterio que aún no explica la ciencia. A los elementos borbónicos les penden de su núcleo heredado dos protones bien gordos. Otra categoría es la gaseosa o flatulenta socialista con ERES metanos malolientes por el sur. Los periféricos tiran al monte o Pirineos: los cataloides siempre ocultan un 3% de su masamadre o de su jeta de hierrosola/puro (Ferrusola/Puyol). Una Sagrada Familia con siete cabritillos andorranos. Y lo de la metalurgia o minería sindical es para mear sidra. Los podemos podencos son halógenos alucinados y forman sales gordas que se precipitan ellas solas con su verbo en contacto con el aire libre o en micción de censura. Este ordenamiento muestra tendencias de gobierno que se repiten con diputados de comportamiento químico-ético similar en la misma columna o grupo parlamentario. Aún hay muchos desconocidos, que ocuparán su escaño en la tabla de la corrupción muy pronto. Monotonía con tarde de bochorno atmosférico tras los cristales: «mil veces ciento, cien mil» corruptos. ¡Ay, si mi Machado, ese hijo desnudo de la mar, viera toda la química que estudian hoy los colegiales!

(Imagen: Pedro Paricio)

Sábado, 17/06/17.

Catarsis griega

He venido a Grecia, Lord Byron vallecano, a combatir turísticamente el imperialismo de la troika, pero caí una noche sin luna en la sima de urgencias de un hospital público, griego. El Hades más negro: óxidos encamillados, indigentes moribundos, suciedad, ruina insalubre, vómitos enlosetados. La crisis doctorada. Una ninfa del suero nos saca de este infierno. Cupido la hiera feliz con sus agujas. Uno llega a la Hélade, decía yo, a que le inyecten clasicismo, a que le suturen esta herida feroz de individualismo, a que lo democraticen. Paseo con mi lazarillo Temístocles por Macedonia, Atenas, Salónica tras Alejandro Magno por calles tachadas, pintadas, con comercios desdibujados, muros emborronados y paredes dudonas de grafittis como guarnición de carne de huelgas y manifas. Una rabia garabateada que el gobierno permite para evitar excreciones más revolucionarias. Alejandro reinó como un héroe, porque sus referentes no eran santos, ni Ronaldos sino los semidioses de la Ilíada. Su vida fue endiosarse de Aquiles. A Cristo le enseñó a malmorir pronto, sobre los 33. Su pedagogo, Aristóteles, le filosofó ideales homéricos. Los sueños de un hombre de acción siempre tienen las alas de un profesor. Tsipras no es Alejandro, le flojea el brazo y ya nadie lo palmea, ni siquiera El Coleta. En verano les caerá a estos hoplitas de café frappé otro rescate, el cuarto. Nueva guerra persa o de mercaderes europeos. Grecia es un enfermo al que se le pide que pague con sangre su tratamiento. A nosotros en su hospital cochambroso nos dieron, sin cobrarnos, suero o sueños de filosofía y de poesía para vivir. Mientras, el sol y un mar azul mecen la deuda etimológica, la nuestra con ellos, claro. La brisa trae un aroma clásico, eterno. Hay una tristeza emparrada y perros callejeros que no ladran, olisquean la mierda de otros perros porque buscan estar menos solos. Grecia es un nudo gordiano a la espera de un Alejandro que coja su espada y lo mande todo a hacer puñetas. Por este ágora ateniense pasearon los Fidias, Sócrates, Pericles; luego vinieron los Papandréu, los Karamanlís, los Misotakis y lo jodieron todo, trajeron la peor ruina económica a las mejores ruinas estéticas. Uno no entiende nada de política, sí algo de belleza. La tragedia griega fue olvidar el arte de la filosofía y el estilo democrático en los capiteles. Ahora están en la catarsis. Si hubieran registrado el copyright de la polis, la poesía y el alfabeto, hoy el mundo material y el ideal serían suyos. Y los de la troica vendrían con faldita en procesión de panateneas. Kirieleisón.

(Imagen: Eusebio Sempere)

Sábado, 08/04/17.

Ortega

Para las masas hoy Ortega es Inditex y no un índice de raciovitalismo. Ortega, un hombre solo, la minoría más menguada, acolchado en bata de boatiné, pasea un yo cosido a sí mismo: yo soy yo y mis adineradas circunstancias. Comprendió que el tema de nuestro tiempo era la moda y le dio un pespunte de vitalismo como filosofía de empresa. Lo suyo fue la rectificación de la ropa pública, la popularizó. La rebelión de las masas contra la alta costura con la que, por fin, vertebró España entera. La zarandeó con tiendas aquí y allí, e hizo más unidad nacional que cualquier otra cofradía política. Que lo suyo también es política, política de colores, cotizada en negras bolsas, pero política con muchas texturas. Universalizó su imperio y humanizó la deshumanización del arte de vestir a diario, de trapillo. En América a los mercaderes de siglos pasados brutalmente enriquecidos y otros excéntricos les dio por fundar hamburgueserías y universidades en sus pueblos: McGill, Harvard, etc. Amaban sus orígenes. Aquí, no se sabe qué ama Ortega. Solo su yo. Se entretiene con la compra de espacio, digo edificios; y con la venta de tiempo, digo moda. Ahora da unas bequitas para que los niños de España estudien un año en esos colegios de los otros ricachones americanos cultos o sin cultivar. Ortega, con algún remordimiento, deja sus monedas en el cepillo docente y así desgrava su conciencia, que no da puntada sin hilo. ¿Cuando aprenderá Ortega que la moda es pasajera, pero el arte y el saber eternos? ¿Cómo no redimes tú, Forbes number one, tus provincias? ¿Por qué no creas una universidad para que se estudie a Ortega (el textual y el textil) o para que investiguen el cáncer? El español más rico de la galaxia busca en el universo universitario maniquíes o dependientas y cómo sacarles los euros a unos jóvenes demodés. La miopía de Ortega es de cotizante ibérico del Ibex, como las Repsol, BBVA, ACS, Telefónica, incapaces de ver, más allá de las costuras de los dividendos, que solo de la investigación nace el futuro. Y de la poesía: «Lo que perdura lo fundan los poetas» (Hölderlin). Ortegón, dé ejemplo, salga ya de su Isla ejecutiva torrera. Funde de una vez la Universidad Ortega, una Harvard gallega, que con el tiempo sea el Inditex del saber universal. ¡Será por dinero!

(Imagen: Luis Seoane)

Sábado, 26/11/16.

Mi calle

Mi calle nace en una iglesia Rusa con cupulitas de oro ortodoxo, muy Putin o muy Trump. A su lado, levantan un templo evangelista de Cristo Vive, ni idea de su credo. Arriba, mi calle especula ante la basílica del Santander y, al fondo, resucita muy Popular (a euro el banco entero, precio barra de pan) en el colegio Cristo Rey. Eso es España. O quizá es al revés, mi calle empieza en ábaco y termina en rosario, no sé. Según se mire la orientación educativa. El caso es que el Cristo Rey es de rezo bilingüe, no de latinajos sino en inglés. Las sores han tirado por el brexit lingüístico en sus tocas de entonces y dejan el latín apostólico. Los tiempos están cambiando su declinación, que cantautó el Nobel Dylan. Cerca, apenas a una meada de monaguillo, se esconde la sinagoga judía y detrás la Gizé de la Conferencia Episcopal. ¿Cuánto obispo vive ahí afaraonado? Calles beatas habrá, pero la mía es diócesis divina, de aceras celestiales. Antes de que la catequizaran con tanto culto en recinto ferial de Expoiglesias, cuando aquello era campo sin confesión, mi calle arrancaba en casa de putas de toda la vida, discreto número. Hoy sigue sin letrero, ni luces, asediada de santidad vecinal. Como está a pie de calzada, los domingos un ciclista aparca allí su mañana para avituallarse de amor. Después sale a sus correrías con pedalada más rítmica. Los feligreses de las otras parroquias caminan a sus oraciones sin saber el paternostre de esta capilla de placer. Hace años tuvo campanilla en la entrada, hoy las campanas con mejor badajo cuelgan en los otros templos. De la carne al espíritu hay salvación; del espíritu a la carne, cuidado, la pedrada pederasta. Pero en Madrid se bendicen animales por san Antón, aviones de guerra, ministros, la champions… qué sé yo. Todo menos a estas señoritas que se dicen putas y que pagan religiosamente su ateísmo con multas. Raras y vestidas con una moral kantiana muy corta, medio muslo, reclaman derechos, pero como al indio de El mundo es ancho y ajeno, de Ciro Alegría, les dicen que al prostíbulo le falta concordato o concordia. Las lían con vocablos de impuestos sobre bienes o males inmuebles; que aquí la parcelaria de Gallardón fue religiosa. Vamos, que las putas a la calle. Y que estos lares son para apalabrar butacas en el paraíso. El otro paraíso. El día en que los curas católicos, ortodoxos, evangelistas, judíos, musulmanes… aprendan humanismo de las putas, desaparecerá el leasing religioso; es decir, la felicidad del paraíso dejará de ser un arrendamiento con opción a compra post mortem.

(Imagen: José Gutiérrez Solana)

Sábado, 10/06/17.

La Almudena

Salía yo a mi mañana de lunes, a eso que se hace en lunes: todo y niebla de nada. Un lunes comienza una vida, un lunes te operan de vesícula o compras un par de calcetines. Digo que iba desnortado de lo mío, como Unión Europea, y acabé en La Almudena, que es el facebook de los muertos con lápidas en lugar de muros, todo floreado de fechas resecas y caducos noteolvidamos. La Almudena tiene empaque y decrepitud diagnosticada en sus esquinas, parece en su abigarramiento un vertedero de vidas crucificadas, sin pizca de sensibilidad bella de recogimiento. Entre tanto apellido apelmazado brota mucho abandono en desorden, todo muy Madrid, sucio con su mugre moribunda y tumbas con tipografía de pescadería. Uno pisa un camposanto inglés y ve otra muerte más esmerada, digna. Aquí resucita un qué más da de ceniza sola, mientras se enloseta la vida recién despachada sobre mostradores de mármol. En Madrid se entierra mal y con peor prisa, los cortejos corren en fúnebre fila por la Emetreinta arriba o abajo para no llegar tarde a un más allá que nunca se alcanza. Carmena tendría que crear junto al cuerpo de muerteros municipales, otro de curas laicos con entereza y verbo suficiente para despedir finados. Que los sin fe estamos desamparados de ceremonia y además, qué leches, no tenemos hisopo. Luego, más prisas y a oficinarse de nuevo en el moridero del cadadía. Qué solo se queda Bécquer y los muertos también. El resto, con ausencia ya definitiva, mortal y rosa. Pero los muertos son siempre buena compañía para vivos desolados que arrecogen su paz en La Almudena. A veces, entran otros muy bullentes vestidos con un madrileñismo a voces, de caña y pincho de tortilla, en vivo desprecio del silencio fallecido. A la capital viene uno, piensan, a que le vean y le oigan, si no te quedas zapatillado en casa, como Baroja. Pero de Baroja manaba la novela con más vida de su siglo. De este Madrid nace mucha muerte a secas. Que la muerte va en serio, uno lo descubre más tarde, como tantas otras cosas en la poesía de Gil de Biedma. Cada cual imagina un morirse y sueña que el día de su eternidad comience en otra necrópolis más amorosa de belleza azul, cielo o mar, al fondo. Tras la tapia cívica de enfrente no cabe un alma más, que el laicismo crece o decrece lo otro. En el cementerio civil los Baroja, Giner, Cossío y demás librepensadores ya tienen su tertulia completa. ¿Quién será nuestro vecino en la breve posvida de cementerio? ¡Qué preocupaciones de lunes con niebla y ojos de agua!

(Imagen: Lucio Muñoz)

Sábado, 04/03/17.

Rouco

Sí, fue hace años en la Almudena, un viernes santo. Más de mil personas en el templo. Entramos en el amén. Yo, ladeado con mis niños, junto a la girola por no molestar, mientras mi Sultana miraba no sé qué pinturas de un Kiko, ni idea. Se empeñó en estrenar la Catedral en lugar de playear en Gandía. Y como comulgo con sus ojos, faltaría más, yo, padre en cueros espirituales, esperaba su advenimiento, el de mi santa digo. Pero en cuanto apartaron los cordones que cerraban el sagrado manaron de allí obispos a cientos y calderilla de curas y monaguillos detrás del arzobispo Rouco, que se avino a mi laicismo flechado como verso de Lope: «¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?». Me saludó con ronca cordialidad de cura muy varón y besos a mis niños que santiguó sin preguntar. Yo siempre pregunto antes de no persignarme. Le dejé ejercer de Cardenal, era su terreno, quién me manda adentrarme en huerta ajena. Algo hablamos de mi niña y también del niño. Sí, sí, buenos chicos. Me acercó su anillo de besamanos, pero yo lo saludé democrático, a pie firme en mi eticaestética. Ahí me planté. Creo que no le gustó. No fue descortesía, dios me libre, sino que uno no gasta esa liturgia de interior, ni quiere ahora parecer articulista anticlerical. Mi Sultana, ojos preguntones, veía la escena de lejos y a nosotros, crucificados por la curia. Roto el cerco, los fieles, rodilla al suelo, le babeaban el anillazo que extendía con oficio. ¡Ay, qué alegría, hijo! ¿Por qué, mamá? Que mis nietos estaban sin cristianar, qué va a ser. Mi madre sufría por una agüilla de menos y yo sin saberlo. Uno nunca se entera de lo importante. Y si a Rouco María lo hubiera ritualizado un Cardenal ateo, ¿qué mejilla habría ofrecido? Luego estuvo nominado a Papa, esas cosas. Prefirió quedarse a bienvivir aquí, en un ático alicatado de catolicismo pero con gres porcelánico poco cristiano, para bendecir o maldecir a los creyentes de a pie, que le hicieron un escrache. La fe de esos fieles fue más vanguardista que mi ética lírica. Aunque allí arriba, el viento diluye estos murmullos bajos de creencia y conciencia.

(Imagen: Antonio Saura)

Martes, 10/05/16.

Grifo

Esta mañana me he levantado, como decía mi padre, poco católico. Él jamás soñó ninguna inmortalidad, yo también adoro esta mortalidad sencilla en que nos desvivimos todos. Mi madre se santiguaba, después le reprendía. «Cómo estás», le preguntábamos. «Entre Córdoba y setiembre», nos respondía. Yo tampoco me siento bien ni confiado en la vida, hoy no profeso doctrina alguna. Será que anoche me acosté sin sed y el sol amanece con fatiga y resaca de recuerdos. Pero mi Sultana me envía en embajada urgente a la ferretería. El grifo pierde. Sobre el mostrador de madera envejecida por el comercio de los años, me acuerdo de cómo el cónsul Neruda amaba los óxidos de esos fierros. Pierde el grifo como se pierde una vida: gota a gota, sin goma que lo remedie. ¡Qué más da! Pero Neruda atrae como abismo y me olvido de mi encomienda. Recito sus versos en riada confusa de objetos y sueños de sal mientras el ferretero me surte de una poesía de alcayatas, alambres y arandelas. Cuando me enfrento a mi grifo, provisionado con toda esa ferralla sentimental, no sé por dónde empezar. Entonces tiro de Neruda y fluye la vida y el verso y el agua. Soy un desastre de humanismo: incapaz de frenar una fuga, de detener el tiempo, de amortizar una pérdida. Hay un dolor encharcado en el cielo de este suelo: cuatro años ya sin padre.

(Imagen: Josep Guinovart)

Viernes, 16/09/16.

La final

A mi sobrino y otros atléticos puros.

Hay un Atleti posible y otro imposible que lo vuelve fieramente humano y que acrecienta su leyenda. Otra final fallida. A mí siempre me atrae el imposible y el abismo. Como Héctor, como Troya, que cayeron en el mito eterno para los mortales. Y de estos años de crisis vencerá el sueño de los que perdieron, nadie hablará de otros triunfadores. Como también se elevó ese mismo Atleti de Luis Aragonés en el tardofranquismo del 74 para hundirse después en la transición de Reina y Rey. Porque este es un equipo que te sobrecoge el ánimo durante el partido y que, al final, te acaba ganando el corazón con sus trágicas derrotas. Esa soledad, ese desconsuelo atlético son la vida misma. Quizá por ello uno se siente cercano a esta pasión. Vivir es la pérdida permanente de una ilusión. Y eso nadie lo encarna mejor que el Atleti. Eso y la fe ciega o clarividente de que tan solo el olvido futuro triunfa sobre todos nosotros. Y porque hemos venido a la vida a perder hasta morir, la lección de este equipo es la de la lucha baldía, la del que sabe que nunca alcanzará ninguna victoria cierta, porque el argumento definitivo de la obra es desolador. Sin embargo, hay días con sol de primavera en que se disfruta una dicha y una luz momentáneas como si uno pisase de puntillas la gloria. Es solo un instante fugaz, pero intenso en que se entra por un momento, de verdad, en el paraíso. Y más no hace falta. Que se queden otros con el engaño de los laureles eternos. Vivir es perder siempre. Hoy abrazo líricamente al Atleti, que me ha convertido o rehumanizado como a san Pablo en este tiempo tan inhumano.

(Imagen: Manuel Mompó)

Domingo, 29/05/16.

LGTBI

Este es el verdadero carnaval. La carne y el pecado subidos en carrozas, glorificados por las calles de Madrid. No, no es entierro ni procesión, es la celebración de la resurrección de los cuerpos antes condenados. Un Cristo o conciencia de la igualdad lazareó a este colectivo: «Levántate y ama». Y eso ha hecho, año tras año, esta minoría arropada o desnudada ahora por la inmensa mayoría. Pero enseguida me acuerdo de mis obispos, no tengo cura, y me pregunto por sus silencios muertos que aún repican y claman al cielo, y por sus palabras vivas que enmudecen en un pasado profundo. Quizá tanta casulla y tanto paso aguardan festividad más propicia para procesionar otra imaginería. Una fiesta en que todos los costaleros del mundo, sagrado y profano, lleven a hombros la dignidad humana en un desfile único y universal, de hermandad de puros e impuros. No oigo nada de todo esto, mientras me muerdo el labio gozoso. Hoy es el día del orgullo de estar vivos. Los carros de El Bosco han salido del museo del Prado para pasearse Castellana arriba. Van cargados de nudismo, de música de trompetas, de calor o fuego sexual, de alegría y bailes. Y siembran amor por aceras y calzada. Pasan delante de las iglesias introvertidas a cal y canto. ¿Dónde habrán ido esta tarde curas y monjas? Quizá están leyendo en Jorge Manrique que la muerte nos iguala a todos, pero el LGTBI aspira a que esa igualdad sea aquí en la tierra. Y a que el tiempo nos reúna en la diversidad, porque todas las vidas son sueños diferentes de la misma, única Vida. Las carrozas suben por Colón y aparcan detrás de la embajada de EE UU. España siempre desemboca en Ultramar, que aún hay que conquistar el puritanismo americano. Mientras, un atónito Emilio Castelar desde su estatua de bronce bendice a estos jóvenes con su oratoria grabada en piedra: «Libertad, Igualdad, Fraternidad». Eso, don Emilio. Esta caravana no podía tener mejor trayecto: de El Bosco a Castelar. Pero al LGTBI le falta añadir a su bandera arcoíris el color negro o blanco de la Iglesia. La curia debería no solo predicar y pecar, sino también colorear sus escrituras. Hay revoluciones que ni se imaginan de tan elementales: la Iglesia sumada a la defensa de los derechos del LGTBI.

(Imagen: Abraham Lacalle)

Sábado, 01/07/17.

Arte en abstracto

A Cuenca le cuelga de una casa su museo de arte abstracto. La geografía de esta hoz es cubismo puro nacido de una piedra enaltecida. Los Zóbel, Torner, Saura, Millares, Mompó, toda esa modernidad del sesenta y tantos se refugió aquí del casticismo, del régimen, de la Iglesia, de todo. Eran pecadores de un arte que no comulgaba con la realidad figurativa, en una España desfigurada. Cuando uno ve que los curas viven en un palacio episcopal, que a los niños los educan los jesuitas y que la vida ha sido crucificada por un dictador no queda más que abstraerse o lo otro. Y eso hicieron, crearon otra existencia, pintaron lo que el franquismo borraba: aire, poesía, idealismo y libertad. ¿Qué artistas rehumanizan esta España de ahora deshumanizada por corruptos, corruptibles y corruptores y con tan solo una inmensa minoría (JRJ) de trabajadores? Se necesita hoy más que nunca que el arte dignifique el país, que lo reinvente de belleza, que nos saque del mercantilismo modorro en que hemos caído. Cincuenta años se han cumplido de arte abstracto en Cuenca, el pequeño museo más bello del mundo (A. H. Barr). Solo la estética podrá redimir a una nación de cartón piedra, anclada en el cuñadismo y la ramplonería. El día en que España entera salga de sus límites reales y sueñe un idealismo estético superior descubrirá otro Continente ético sepulto en sus adentros. No es el dinero, ni la religión solo el Arte ennoblece y purifica el destino de los pueblos.

Sábado, 19/11/16.

Trump

Entre un histrión y una mujer, la América macho, hombres y hembras, prefiere los ladridos. Ganó Trump. Yo tenía ese día apalabrado un cordero en Torrecaballeros y no era cosa de faltar a la semántica por escuchar un anglicismo con flequillo. Desde esas lejanías, acompañé en el sentimiento los lloros de la Clinton con dos lagrimones ante mi deleite corderil. La siesta segoviana la reflexioné ya de paseo bajo el acueducto y con la grasilla en vena me vino de golpe la resaca de Trump. ¡Qué dos imperios diferentes!, me dije. El romano, con acueducto aún en pie para que fluya la vida; y el yanqui, con muro muerto en México para remansar un desierto. En Gran Bretaña y en EE UU han votado una única papeleta: levantar fronteras. El Brexit y el Trumpismo son el mismo miedo inglés ante el rezo en idiomas inmigrantes. Porque lo que de verdad asusta es la oración distinta y no las sílabas extranjeras. Aquí en Iberia, esta reseca provincia de ambos imperios, flota polvillo de hipocresía, con Ceuta y Melilla cristianadas o concertadas, digo valladas con concertinas, que me lío. Silencio cortante. Trae Trump, el emperador estelar, política de casino, lira de extravagancias, insultos y provocaciones contra negros, hispanos, gays, mujeres, musulmanes y demás ralea. Ave, Caesar, morituri te salutant. Carnaza televisiva para unas masas que no olvidan sintonizar su canal preferido. El final ya está escrito no por historiadores sino por guionistas de series. Con este nuevo Nerón americano, el mundo arderá en un reality show en vivo de la NBC; y él, a babosear su rubia fortuna. Un espectáculo grandioso, colosal: la política mundial en prime time. La Historia será el show de Trump en televisión. «Eso es todo, amigos». Por el momento. ¡Qué pena, Roma nos daba agua y versos de Virgilio!

(Imagen: Fernando Zóbel)

Sábado, 12/11/16.

Brexit

Un día en la playa de la Zurriola, mi amigo vasco de León, el periodista Félix Maraña me contó que el escultor Jorge Oteiza entre champán y champán francés le preguntó si estuvo en el entierro de Baroja. (Baroja es un dios en las vascongadas y demás regiones limítrofes inteligentes). Maraña sorprendido le respondió: «Pero Jorge, ¡si yo no había nacido aún!». Oteiza, ojos desorbitados y profundos, se silenció un momento antes de desbocarse: «¡Pues se nace antes! ¡Hay que estar más atento!». Y siguió contando lo suyo de Baroja. Hay fechas de la Historia a las que las naciones no pueden faltar y menos aún equivocarse. Ser o no ser Europa, esa es la única cuestión. No hay otra. Los ingleses europeos, Cameron y C&A, tendrían que haber estado más atentos a su pasado y también a su futuro. Los otros ya iban a la deriva descarriados, víctimas de su propio analfabetismo. ¿Qué lord inglés actual encarna a Byron y es capaz de ir a morir a Grecia para defender la independencia y los valores de ese país ante el Imperio otomano de ayer o el nuevo Reich alemán de la Merkel? ¿Quién atesora ese idealismo puro? Un fantasma recorre Europa, el fantasma del populismo. Cuando ya solo se habla de inmigrantes y de patria, la libertad siempre sucumbe. Menos hooligans, más Byron. Si de verdad se quiere trascender en una auténtica Unión Europea, hay que estar más atentos a universalismos como los de Oteiza, Byron y otros.

(Imagen: Jorge Oteiza)

Sábado, 02/07/16.

Fusilamiento

A R. Y., luchador de Peña Prieta.

Fue en Vallecas, enero o febrero del 81. La memoria falsea fechas, no emociones. Volvíamos a casa a comer tras la hambruna de las clases diarias en el instituto Tirso de Molina. Un guardia civil custodiaba la puerta de un bar de la Avenida de la Albufera, mientras tres o cuatro más apuraban dentro las últimas aceitunas antes de democratizarse por calles populosas. Una correa negra de cuero o charol le recogía un mentón prominente. Nos vio llegar, pero fingía ignorar nuestros andares de BUP adolescente, sus manos agarradas a la metralleta y el dedo índice juguetón junto al gatillo en leve balanceo. El cuerpo, hierático delante de esa garita acristalada de cerveza. A nosotros se nos trasparentó el miedo y la conversación quedó suspensa en un aire lorquiano, verdecido. Las palabras, como lección mal aprendida, se silenciaron a borbotones, mientras los ojos vigilaban ya solo el vaivén de aquel dedo confuso sobre el arma. El verdeaceituna quiso enseñarnos de qué poco valían nuestros libros en un macuto cruzado en banderola. Fueron unos segundos eternos de saliva atragantada. Cuando, por fin, pasamos justo delante de él, nunca descendimos a su altura, a un metro de distancia, aquel tricornio miró al cielo encapotado y apretó varias veces el gatillo: cla, cla, cla, con que fusiló nuestra conciencia estudiantil. Que había puesto el seguro del arma lo descubrimos después, cuando resucitamos a la vida. Luego salió del bar el resto de guardiaciviles hacia un invierno de transición y quizá alguno envalentonado a disparar metralla con Tejero en el Congreso. Nosotros, quinceañeros con el corazón en la boca, sangrábamos silencio. Cuando mi madre, madres que todo lo saben o intuyen, abrió la puerta y me vio malherido de mutismo pensó que había flojeado en el examen de Ética. -No, ha sido peor el de Historia de España. Treinta y cinco años después aún sigo sin comprender España ni su Historia, y menos aún su Ética.

(Imagen: Pablo Palazuelo)

Martes, 19/07/16.

La comunión del olvido

Comulgo poco. Nada. Días hay en que empujo la silla con ruedas de mi suegro en la Residencia donde se desmemoria a diario. A veces, lo acompañó un ratito a misa en la sala de usos múltiples, entre semana bingo. En España, como decía Unamuno, somos creyentes hasta los ateos. Está por Nueva Numancia convertida ahora en Nueva York: negros, chinos, musulmanes… pero sin rascacielos. Aquí si se rasca, hay infiernos. Mi barrio de adolescente. Detrás, calle arriba, vive El Coleta, un jesucristo vallecano al que pronto crucificará la Banca, la Iglesia o quizá solo su propio ego. Lo mismo da, que da lo mismo. Me gusta esa misa de Residencia con cura negro, de Guinea, en vaqueros y casulla blanca que subraya su africanía. Yo admiro mucho a estos albañiles de la fe, menos a la constructora: Iglesia S.A. (El santo Ibex la acoja de una vez en su reino). Pero a uno siempre le tira más la llana del proletario. Al terminar el evangelio, con su español suave, a contrapelo, el labio carnoso tropieza en el micro y retumba Mateo 19: 24-25. A mi lado, un abuelo dice línea. Nadie le ha oído. Solo yo. Me echo a llorar en silencio. Ni dios oye a estos abuelos sin memoria y fuera ya de toda ley… de dependencia. Mientras, un curita negro les da la comunión del olvido. Amén.

(Imagen: Antoni Tàpies)

Miércoles, 11/05/16.

Princesa literaria

Un día me presentaron al rey, bueno, entonces con algún galón de menos, solo era aspirante, pero apuntaba maneras. Le acompañaba su princesa Letizia embarazada ya con tacones de alteza. Siempre me gustaron, los tacones digo. Entraron juntos al comedor y la directora de la Residencia de Estudiantes me llamó para presentarme. Yo dejé mis legumbres republicanas para cumplir con la realeza. Soy muy mirado para esas cosas. Protocolo. Ella, cordial, qué voz hermosa; él, distante, muy monárquico, soso. Hablamos, ella y yo, un poco, quizá algo menos de lo que ahora recuerdo, sobre sus paseos o correrías por el cercano Ramiro de Maeztu. Él en medio como jueves envarado fingía no enterarse de lo nuestro, quiero decir de esos años de mocerío con subordinadas sustantivas y otras proposiciones esteticoamorosas. Ella le decía, pero él a lo suyo: al realismo con la directora. Hamlet teatralizaba mejor su ser o no ser rey, pero a Felipe aún le faltaban entreactos para shakespearizarse. No hablaba de poesía, me tendió su mano oficial; ella regresó a su embarazo real y yo a mi servilleta tricolor sobre la mesa. Pero ya no fue lo mismo: noté a mis lentejas celosas, frías. Él salió sonriente, puro borbón, mientras por los confines de la tarima estudiantil se alejaban pensativos los tacones principescos. Atrás quedaban las vanguardias literarias con capítulos republicanos de una muchacha de provincias que se vino a vivir en una familia irreal o surrealista. Llevaba dentro una heredera. ¡Qué cosas!

(Imagen: Manolo Valdés)

Viernes, 03/06/16.

De oficio, religiosa

Zamora es la ciudad menos francesa de España, quiero decir, sin pizca de estética laicista. Solo terciopelo negro, muy austria, de contrarreforma. Y es, al tiempo, la más estadounidense, con esos encapirotados de la Real Cofradía que la asemejan en hábitos al peor mundo yanqui. Pero Zamora está en su sitio, aislada en su piedra y lejos de todo, hasta de sí misma. Menos mal que Claudio Rodríguez la redimió en verso, para que reencontrase el humanismo perdido entre tanta divinidad. Una ciudad a la que no le cabe su catedral dentro del pecho. Es de pago, como todas, que los mercaderes del evangelio de nuevo han puesto tienda dentro de los templos. ¡Ay, Jesús bendito, que cualquier día te cobran la hostia que te dan! Uno serpea iglesias y más iglesias, ¿en cuál bautizaron a Clarín?, y conventos y el copón sagrado y la santa custodia y se pregunta si es posible vivir en estos pagos castellanos con otro idealismo diferente al nacionalcatólico. El ácrata Agustín García Calvo vivió o editó aquí, pero en casa blasonada, de los Cánovas. Así sí, claro, se coge mejor el latinajo. Para entender este Reino hay que pasear Zamora y cruzarse de frente por su rúa única con España entera: familias endomingadas de altar, alcaldes procesionarios, sonrisas de sotana, santos inflados como buñuelos y vírgenes que un día darán la campanada. Una felicidad en orden, con funeraria, tintorería y una Semana Santa que no es yema de fe, sino puntillita o anzuelo de interés turístico internacional. Zamora alcanzó su futuro, yendo hacia atrás, en su pasado. Entramos a ver un retablo, pero va a comenzar la misa, uno siempre a destiempo con lo religioso. En el interior muchos niños alborotan, chillan y suenan como una bandada de pajarillos enjaulados. Habla el cura, el pueblo calla. Salimos en silencio de los sillares en busca del Duero, de una vida que fluya hacia un mañana limpio y sin liturgia. Lejos, ni se intuye, debe estar el mar y su oleaje agnóstico. O quizá no.

(Imagen: Baltasar Lobo)

Domingo, 30/10/16.